24 de febrero de 2014

Votar con optimismo en Costa Rica | Joaquín Triqueros

He de ser sincera, las elecciones en Costa Rica son el próximo domingo 2 de febrero y todavía al lunes 27 de enero, debido a la gran confusión que fue creciendo en mí, no tenía la menor idea de cuáles criterios, fuera de los provida, privilegiar para realizar mi elección.
Nunca, en los últimos cincuenta años había sido tan difícil elegir un presidente, no solo debido a que el bipartidismo se resquebrajó dando como resultado el que tenemos trece candidatos a la presidencia sino porque ha sido sumamente difícil conocer la forma de pensar de cada uno sobre tantos temas que nos interesan a los católicos pero también, el que con uno de ellos, por su ideología de izquierda y el gran apoyo que ha recibido, se presenta como un grave peligro para la tradición cristiana y democrática de nuestro país.
Me he dado cuenta, además, que la prensa internacional e incluso algunos medios de comunicación católicos han expuesto un panorama desolador para el futuro de mi país lo que no contribuye en nada en el proceso de urgentísimo discernimiento al que nos obligan las circunstancias.
El caso es que para muchos católicos, al día de hoy, todavía existe gran incertidumbre; sin embargo, para mí fue decisivo el haber leído ayer el artículo publicado por Joaquín Trigueros en su blog ya que me ayudó a ver la realidad con mirada cristiana, es decir, con optimismo y esperanza.
He querido traer de Joaquín dicho artículo para que quienes me siguen a través de InfoCatólica lo conozcan y que, ojalá, tenga en aquellos que sean compatriotas el mismo efecto que tuvo en mí.


Votar con optimismo en Costa Rica
Vale la pena privilegiar el optimismo.
Desde que Voltaire llamó cándidos a los que no ven el mundo tan irreparablemente negativo como él, se volvió más fácil pretender ser intelectual denunciando y no proponiendo. La política y la comunicación se transformaron en quehaceres tristes.
¿Por qué será que parecemos más eruditos cuando somos pesimistas? ¿Será que para que se nos tome en serio hay que arrojar toda la oscuridad y basura posible sobre el pasado…y sobre el mañana…y sobre todos?
No nos dejemos deslumbrar por el atractivo intelectual del pesimismo.
A eso se le suma el miedo como uno de los factores más crueles que enferman la sociedad.
En días pasados -casi a las puertas de las elecciones del próximo domingo 2- me llamaron de una empresa encuestadora y me preguntaron, entre otras cosas, si alguno de los candidatos presidenciales costarricenses me daba miedo y contesté que no. “¿No?” me contestaron poniendo en duda mi afirmación y me preguntaron uno por uno si alguno de ellos me daba miedo y volví a contestar que “No”, que ninguno.
Y es que junto al pesimismo, el miedo también se extiende, contagia y paraliza. Algunos hacen pensar que quién no tiene miedo es ingenuo y quien es optimista es tonto.
Y el pesimismo y el miedo lo encontramos a todas horas en la radio, la televisión, en artículos de prensa, blogs, redes sociales; en conversaciones con los amigos… Es fácil hablar de una cuestión que nos envuelve y nos hace expertos creadores de opinión diciendo no lo que hay que hacer sino lo que no hay que hacer y a quién no hay que dejar hacer….no lo que nos soluciona los problemas y nos brinda una sensación del deber cumplido sino lo que nos entristece y nos hace desconfiar y señalar culpables.
Y es que se suele llegar muy rápido a conclusiones contra los demás, quizá sin pensarnos bien las cosas o viendo sólo lo malo que hacen los otros o quizá sólo pensando en nuestro bien particular y no en el bien común. Ese rápido concluir nos lleva al pesimismo y nos puede llevar a rehusar trabajar con otros, bloquear las cosas, rechazar sistemáticamente las ideas de otros porque no son nuestras. ¿No será mejor confiar un poco en lugar de cerrar las puertas de antemano?
Te acordarás de la fábula de Esopo: “Un anciano cortó en cierta ocasión leña, cargó con ella y emprendió un largo trecho. El camino le agotaba. Arrojó la carga y llamó a la muerte. Ésta apareció al instante y preguntó por qué le había llamado. El anciano contestó: Para que me coloques de nuevo la carga encima”. El anciano había perdido la fuerza y la esperanza, por lo que debió parecerle que era el momento de poner punto final a aquel esfuerzo. Al caer en la cuenta de que había sacado demasiadas conclusiones y demasiado rápido de su cansancio, retiró su precipitada desesperación y se puso de nuevo en camino.
Reconsideremos nuestra visión tan negativa de los candidatos -del que no es el nuestro- que emerge de conversaciones personales, de muchos medios de comunicación y peor aún de las redes sociales. Nos estamos agriando la fiesta. ¿Tan mal estamos que, recordando a Diógenes, no damos con alguien -distinto de nuestro partido u orientación ideológica que estaríamos dispuestos a aceptar- que cumpla con los requisitos mínimos para gobernar el país por 4 años? Algo bueno tendrá el que gane aunque no sea nuestro candidato.
Cuando un padre de familia desconfía de su hijo o hija adolescente quizá es porque no ha sabido criarlo….o porque lo crió también con desconfianza. Si en estas elecciones da la impresión que desconfiamos tanto de los otros costarricenses quizá es porque no hemos hecho lo que teníamos que hacer para construir sino para dividir.
¿Voto útil? No; ¿Voto de miedo? No. Voto en conciencia. Votemos optimistas y quede quién quede, hagamos las cosas mejor a partir de ahora, por lo menos en lo personal.


Este artículo se ha elaborado basándose en varios párrafos de un artículo publicado en El País, España (suplemento Babelia) del pasado 13/07/2013 y de un comentario publicado en la Revista Nuestro Tiempo, número 681, octubre-diciembre 2013, página 17. Ninguno de las dos fuentes escribía sobre las elecciones en Costa Rica sino sobre el optimismo en general.

21 de enero de 2014

Los usuarios de la red así es como pretendemos superar estos tiempos tan convulsos para la Iglesia?

Nos lo pasan diciendo: mucha oración, vida sacramental, actos de misericordia, sacrificios, ayuno de alimentos y de todo lo que sea necesario; pero no escuchamos. No lo hacemos.
Los usuarios de la red así es como pretendemos superar estos tiempos tan convulsos para la Iglesia? 
Me deja estupefacta la eficiencia del internet en general y en particular de las redes sociales para “ensimismar” a las personas, es decir, para alejarlas del contacto con sus semejantes pero también para mantenerlas cautivas de sus propios defectos, temores y debilidades. En una frase: su capacidad paraesclavizarnos y alejarnos de la realidad.

Tal como una enorme ciudad virtual, muchos circulamos por este lugar fabuloso pero altamente peligroso, dejándonos capturar por cuestiones que, aparentemente inofensivas, redundan en un mal para nuestra salud emocional y espiritual.
De no ser porque poseo la experiencia de haber estado cautiva no tendría argumentos para hacerles ver el peligro, pero como la tengo y mucha, les ruego que presten atención y que, si están o sospechan que están al límite del peligro, tomen medidas para cortar con vínculos de inmediato.
Recuerden, el internet ofrece los mismos desafíos que una ciudad por lo que no debemos permitirnos ser ingenuos si no es que queremos que nos lleve la trampa, por lo mismo, háganse el cargo de que lo siguiente son las señas para salir de lo he comprobado son algunos de los más peligrosos barrios de esta enorme ciudad virtual:
Primero:

Conózcase a sí mismo

- Haga introspección para detectar cuáles son sus mayores inquietudes, temores, debilidades y dudas sobre la situación de la Iglesia y el mundo actual. Enumérelos de ser posible, por ejemplo:
1. Temo lo que dice el papa y temo lo que dicen de él. 
2. Temo lo que sucede con la liturgia.
3. Temo el ataque que se hace a la vida y a la familia.
4. Etc.
Lo primero que debe hacer es orar y ponerse en manos del Señor pero a la vez, indagar cuál es el origen de su desasosiego para ponerle remedio con la ayuda de Dios. En mi caso, por ejemplo, se origina en la falta de confianza en Dios; pues bien, si ese fuera el caso, póngase de rodillas y pida esa gracia.
Segundo:

Corte de un tajo

Habiendo detectado lo que provoca el desasosiego lo siguiente es cortar de tajo con todo lo que lo detona; por ejemplo:
Corte su relación con blogs, portales y personas desconfiadas y que no saben manejar sus emociones, por ejemplo, personas con delirio de persecución y diversas fobias, pesimistas y como consecuencia amargadas, sarcásticas e irónicas y que encuentran fácil la descalificación ya que por lo regular son soberbias, vanidosas, narcisistas y ególatras lo que las hace quejumbrosas, imprudentes y vengativas, etc.
Corte de un tajo con ellas y no se justifique diciendo que, a pesar de todo, aportan algo valioso a su vida o que usted aportará algo valioso a la de ellas.
No se engañe y, simplemente, aléjese de quienes no encuentran ni un solo punto blanco en la totalidad del mundo mundial o de la iglesia eclesial.
Desde mi experiencia, por estar vinculada al tema de la liturgia, lo que me ha convenido ha sido cortar, por ejemplo y de primero, con quienes no revelan su identidad por lo que utilizan nicks y/o denominan muy “católicamente” sus perfiles, páginas, blogs o portales pero que su contenido, sin ser explícitamente anti-papa o anti-magisterio, lleva oculta la intención de hacer proselitismo alimentando en sus seguidores sus dudas, temores y desconfianzas sobre el Magisterio y el papa.
Deben saber que, tras de un profundo análisis que cualquiera puede realizar, es posible detectar en algunos de los que administran dichas páginas el que suelen pertenecer a grupos de un fanatismo extremo vinculado a la política, al anti-semitismo, la homofobia y a grupos armados.
Corte de un tajo con ellos ya que, para empezar, nada de eso indica fidelidad al Evangelio.
Realice una exhaustiva revisión de los grupos, portales, páginas, blogs, contactos a los que ha dado su adhesión no vaya a ser que esté, sin saberlo, expuesto al peligro que entraña dicha relación.
Han de saber que para algunos conocidos muy cercanos su relación con dichas “personas virtuales” ha traido muy reales y graves consecuencias para su vida familiar y comunitaria.
Recuerde, no permita que nadie le arrebate la preciada paz que el Señor tan generosamente le regala. Ponga toda su confianza en Dios y tome el consejo de hacer oración continua, llevar una intensa vida sacramental, realizar actos de misericordia, sacrificios, ayuno de alimentos, de internet y de todo lo que sea necesario.
Solo el Señor tiene el poder para arrebatarnos del mal que continuamente nos acecha.
Solo el Señor tiene el poder pero también el vehemente deseo de hacerlo.
Fíese de Él.

Únicamente en El podremos superar este tiempo tan convulso para la Iglesia.

¿Qué hacemos con nuestra vida?

Bien, reconozco que soy demasiado ingenua respecto a juzgar la mala intención de las personas pero de serlo a ser incapaz de reconocer el material del que está hecho el ser humano existe un abismo.
Siempre me he preguntado cómo es que Ana Frank y el mismo Víctor Frankl bajo sus respectivas circunstancias tuvieron la fortaleza para sobrevivir el tiempo que les fue permitido y observo que en buena medida fue por creer en el ser humano.
Miren esta fotografía y lean el texto que la acompaña.
Me van a decir que el capellán Padilla no tenía en común con ellos dicha convicción? De no tenerla no se habría puesto en el camino de las balas esperando que respetaran su vida y su deseo de socorrer al herido. No lo habría hecho.

Pues bien, en estos días el papa, con el mismo talante del capellán de la fotografía se ha puesto de “a tiro” en el tema del aborto pero también en el de la situación de vida de los sacerdotes; tan de “a tiro” como se ha puesto el Obispo de Michoacán con sus recientes declaraciones.
Claro, y uno, sin tener experiencia de violencia tan cercana, mira desde lejos y se da cuenta de lo que tiene con ellos en común y se pregunta si llegará el día en que perderá la vida por defender al papa, a la familia, a un niño no nacido o a un combatiente herido.
Uno se lo pregunta y creo que hace bien ya que de ahí uno mide hasta dónde existe equilibrio entre su vida activa y su vida de fe.
Jesús debe habérselo preguntado frecuentemente: “Seré capaz de dar la vida por esta partida de ignorantes, falsos, embusteros, mentirosos, violentos, malvados… Lo seré?”
Sinceramente, me parece difícil que se retirara al monte tantas veces a orar para platicar de trivialidades. Indudablemente discutía con su Padre este tipo de cuestiones.
Decenas de situaciones de diverso calibre se dan en la vida cotidiana que reclamarían acciones heroicas a toda persona de fe, sin embargo, personas “de fe” elegimos pasar de largo de todas ellas.
Es una mala elección? No lo es si ha sido una decisión razonada, realizada sin coacciones de ningún tipo y teniendo toda la información necesaria posible, incluidos los datos de fe.
Pero, lamentablemente, lo que con mayor frecuencia sucede es que pasamos de largo porque no creemos lo suficiente en el ser humano, no hacemos buen uso de nuestra libertad pero tampoco la fe nos sirve para realizar un juicio de fondo sobre lo cotidiano.
En eso fallamos pero, eso sí, en lo que no fallamos ni fallaremos nunca, es en reclamar a la vida el que ya no se vean héroes ni santos. 

No pretendo con esto meterme con la conciencia de nadie pero si que reflexionemos sobre lo que hacemos con nuestra vida.


Yo, lo único que hasta el momento vislumbro con cierta claridad es que por cuestiones congénitas moriré de infarto o probablemente a palos por defender al papa o a cualquiera que se haya puesto de “a tiro” antes que yo.

¡De vuelta a la realidad se ha dicho!

«La puerta para entrar en este castillo es la oración. Pues pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios, y pidiéndole muchas veces misericordia, es desatino»
Santa Teresa de Ávila

Me ha venido muy bien el artículo del padre Iraburu sobre “el Consumo cristiano del mundo de la información” y me ha venido mejor el que el Señor me permitiera extraviarme un poco en el sub-mundo de las redes para poder notar que “es muy buen vecino, y es tanta su misericordia y bondad”
Lo confieso abiertamente: la actividad en Facebook me sacó de la realidad. 

Los pongo en antecedentes: un par de días antes de terminar el año un paisano indignado con mi defensa de las propuestas del papa posteó en el muro de cierta página una denuncia con la que me acusaba de hacer lobby en contra del propietario.

Yo, imprudentemente, me dirigí a aquella persona para explicarle la situación con la mayor honradez posible; pero, mentira, lo mío, fue mero orgullo herido y pura vanidad.
Mis acciones desencadenaron el que dicha persona quien, tanto como yo en ese momento, está inmersa en la fantasía en la que el demonio convierte Facebook, reaccionara de forma desproporcionada al punto de que un suceso sin importancia pero fuera de control escaló hasta un importante portal católico.
Cielos! De lo que soy capaz! Cielos!
Ahora bien, fíjense ustedes cuánta razón tiene el padre Iraburu y los diversos santos que cita en su artículo ya que, días antes y por bastante tiempo estuve centrada en la oración continua. La presencia del Señor en mi vida era una realidad. Caminaba por la vida desprendida de todo, muy segura y fuerte. El mundo podría haber estado cayéndose que, la hija de mi madre, como si tal cosa.
Toda esa belleza y deleite se oscurecieron debido al desparrame en el que caí debido a que la actividad en Facebook me lo facilitó.
Fuera del castillo, estuve luchando contra sabandijas y alimañas, hasta que apareció el padre Iraburu con su artículo el que, no exagero, se me dificultó asimilar debido a lo que tan en la periferia me encontraba pero el que, con toda calma he terminado de leer y tomado como guía para regresar a lo interno de la morada; claro, un poco decepcionada todavía de mi misma, nada irreparable ya que con el Señor me he reconciliado por lo que, para cuando me reconcilie conmigo misma, la gracia habrá hecho resplandecer de nuevo la esperanza.
Bendito el Señor que, con la pedagogía de un padre misericordioso, bondadoso y buen vecino, nos permite excentricidades para que así regresemos a la realidad de la oración y de su cercanía.

¡De vuelta a la realidad se ha dicho!

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