Vaya, que cuando se es joven, los propósitos de Año Nuevo se toman como un juego. Bueno, así al menos me los tomé yo, como si tuviera todo el tiempo del mundo para cumplir con ellos, pero no, la vida te pasa la cuenta sobre cada pequeña cosa que, sabiendo que era conveniente alcanzarla (o al menos de proponérselo hacerlo), lo postergas una y otra vez.
No, y no me refiero a asuntos importantes, ya sabemos que lo importante para la mayorìa casi siempre tiene que ver con metas académicas o financieras, no; me refiero a lo que -no se por qué- creemos que tiene menor importancia, como cuidar mejor la propia salud, la calidad de vida (en lo que se refiere a cumplir tus sueños), así como las relaciones familiares o amistosas.
Con la familia y los amigos, pero más con la familia (me parece), existen ciertos temas o actitudes sobre los que no se llega nunca a hablar con suficiente claridad o sinceridad y que se vuelven, a largo plazo, en contra nuestra (o de nuestros seres queridos). Qué se yo... las relaciones familiares son algo sobre lo que uno debería tener una mirada atenta y solícita, disponer del tiempo para reflexionar hacia dónde estamos conduciéndolas para evitar -en lo que sea posible- encontrarnos alguna vez en un callejón sin salida.

Y la salud, muy importante la salud. Por qué, digo yo, si existe tanta información (y testimonios de gente cercana a nosotros) que nos dice que los dulces y las carnes en exceso hacen daño, seguimos consumiéndolas o negándonos a ingerir mayor cantidad de agua, verduras y frutas, por ejemplo.

En fin, que para cuando no nos queda más remedio que hacer propósitos de Año Nuevo, los que además nos provocan tensión y angustia, ya estamos viejos y no con tanta energía para cumplir con ellos, por lo que, desde jóvenes, deberíamos proponernos al menos, tener más presente el presente, vivir con intensidad y gratitud lo que se nos va presentando pero también alimentar nuestra existencia con todo aquello que casi siempre dejamos en segundo plano, como la salud, los sueños y nuestras relaciones.

Bendigamos a Dios por el don de la vida y pidámosle que nos ayude a conservar en su lugar lo verdaderamente importante. Amén.