22 de abril de 2010

¿Qué te remece? Noticias desde Chile

A mi invaluable amigo Antonio le advertí que no bien me llegaran sus correos con informes sobre la situación en su país, los compartiría con ustedes. Pues bien, no ha hecho caso a la advertencia, por lo que me veo en el deber de cumplir mi palabra.

Espero que el ánimo de este católico chileno, su visión de la vida desde la fe, su compromiso y su Esperanza les anime a todos.

***

Maricruz,

espero que te encuentres bien y con el ánimo bien alto.

Por mi lado, estoy planificando para la primera quincena de mayo participar de un equipo de construcción de viviendas de emergencia de Un Techo para Chile. Espero que todos los planes resulten.

Por otra parte, también he sido impactado por las muchas noticias que los medios de comunicación han querido transmitir respecto a diversas noticias de abusos perpetrados por algunos que vestían el traje sacerdotal. La Iglesia está viviendo un período de purificación doloroso, pero necesario y sanador.

Quisiera compartirte algunos pensamientos, que sólo desean que nos demos ánimo y no nos perdamos de lo fundamental:

¿Qué te remece?

Vivir un terremoto es una experiencia intensa que revela la tremenda energía que mantiene encapsulada nuestro planeta.  Al mismo tiempo, pone a prueba las estructuras de una manera brutal.

En Chile el sismo del 27 de febrero alcanzó los 8,8° Richter y desplegó ondas de movimiento horizontal y vertical al mismo tiempo, cosa pocas veces visto y no contemplado en las normas constructivas de nuestro país (sólo consideran la exposición de las estructuras a ondas de tipo horizontal).  La duración del sismo también fue impresionante: casi tres minutos; y la duración de los movimientos más fuertes superó los 50 segundos con las vibraciones más severas.

Pese a la magnitud del despliegue de energía presenciado, las construcciones de la ciudad mostraron en general un buen comportamiento. Resistieron. De la totalidad de edificios construidos desde el último terremoto ocurrido en Chile en 1985 sólo un 0,4% de ellos colapsó (primer informe del Colegio de Ingenieros de Chile) y lamentablemente hubo que lamentar muertes en alguno de ellos (sin embargo, gran parte de las muertes ocurridas en el país se debieron al maremoto o tsunami ocurrido posteriormente).  

Dentro de los análisis posteriores se ha evaluado la Calidad del Suelo y la Calidad del estudio ingenieril para calcular o determinar el tipo de fundaciones y materiales requeridos en la construcción, especialmente en aquellos casos en que se presentó algún daño.

En relación a aquellos casos en que hubo colapso de los edificios, las investigaciones son de otro tipo ya que es necesario incluso considerar responsabilidades de tipo civil e incluso penales, en vista de la norma antisismica que rige en Chile y que busca proteger las vidas de los habitantes de un edificio.

Como puedes notar, un terremoto obliga a replantearnos frente a la naturaleza, volver a estudiar y tomar decisiones que nos lleven a mejorar nuestros procesos constructivos. Los beneficios de realizar esta reflexión y posterior aplicación de nuestras nuevas conclusiones deberían permitirnos estar en mejor pie para soportar un nuevo terremoto, aunque este ocurra en 25, 50 ó 100 años más.

En el plano individual, también este fenómeno de la naturaleza nos reveló nuestros instintos y prioridades de manera muy transparentes. Recientemente me junté con un amigo que me contaba las muchas cosas que llegó a organizar mientras ocurría el sismo, corrió a buscar a su hijo, lo dejó a resguardo fuera de la casa, sacó a su mujer y su suegra, cerró la llave de paso del gas, comenzó a juntar agua en un envase, se subió a su vehículo para escuchar las noticias, y luego de un buen rato su suegra y su mujer le piden que por favor vaya a vestirse porque hasta ese momento no llevaba puesto ni un centímetro de tela en el cuerpo… Nos reíamos con la historia, pero al mismo tiempo nos hacía pensar que nuestros instintos y primeras reacciones a veces pueden revelarnos nuestras virtudes y debilidades, nuestros verdaderos intereses, nuestros motivos, nuestra disposición a velar por los demás más que por nosotros mismos, nuestra preocupación por la vida más que por las cosas, etc.

Te he hecho este preámbulo, por que hay muchas situaciones, externas e internas, que pueden remecernos y obligarnos a actuar con rapidez, evaluarnos y sacar nuevas conclusiones que nos obligan a verificar la calidad de nuestras Fundaciones y los Materiales con los que nos hemos ido “construyendo”.

Singularmente hoy, me interesa la manera en que la Iglesia y especialmente Benedicto XVI ha decidido generar un cambio profundo, telúrico, en la manera de abordar las faltas, pecados y/o delitos realizados por sacerdotes y que han dañado incluso a víctimas inocentes e indefensas como son nuestros niños ( la sociedad del futuro, la Iglesia del futuro…).

Se requiere valor y mucho Amor a Dios y a la Verdad, el provocar cambios profundos, no importando si con ello los nombres idealizados de algunos caen estrepitosamente (ej. Marcial Maciel). Es mucho más importante defender el magnífico tesoro que representa el mensaje de Amor, Bondad, Fe y Esperanza del Cristo que tiene a su resguardo la Iglesia.

Muchos cínicos podrían pensar que esta es sólo una maniobra legal para evitar las voluminosas demandas por indemnizaciones que podrían ser exigidas a la Iglesia. Sin embargo, la dimensión de la reacción que ha tenido Benedicto XVI supera con creces esos comentarios mal intencionados. La motivación que revelan sus acciones muestran un profundo Amor a Dios, a las víctimas y a la Verdad. Al mismo tiempo, revelan de parte del Papa una gran confianza en la calidad del “Fundamento” y los “materiales” utilizados en la construcción, por lo que siente que puede reconstruir aquellos sectores fisurados o dañados dentro del “Edificio”.

La gran pregunta es si los miembros de la Iglesia tienen la misma confianza, y ahí es donde corresponde que cada uno de nosotros haga su propia evaluación respecto a la calidad de sus Fundamentos y Materiales utilizados en la construcción de su propio Templo.

Lo primero es evaluar la calidad de nuestro suelo

El terremoto reveló que los terrenos arcillosos o arenosos pueden llegar a transmitir con mucha mayor potencia el movimiento de un sismo, por ende lo que se construya debe considerar los refuerzos que correspondan para contrarrestar dichos efectos (por ej, hacer más profundas las fundaciones, poner pilotes, utilizar disipadores, etc.)

Jesucristo, siendo un conocedor experto de la composición de la naturaleza humana, mencionó que su semilla de Esperanza y Verdad caería en diversos tipo de suelos. Si esos suelos no se trabajan, no se logra el resultado de que la semilla dé frutos y se multiplique.

Mt 4:3-9

"¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar.  Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó.  Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno". Y decía: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!"

La construcción requiere un sólido fundamento en Roca. Si nuestra Fe está sólidamente puesta en Cristo, con una base profunda si conocemos el “tipo de suelo” con que está hecho nuestro corazón, no habrá nada que temer. Nuestra construcción podrá resistir remezones y embates.

1 Ped 2:4-6 4

Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. Pues está en la Escritura: = He aquí que coloco en Sión una piedra angular, elegida, preciosa y el que crea en ella no será confundido”

Sin embargo, no basta estudiar el suelo y preocuparse de fundar adecuadamente. También se requiere que los materiales que escojamos aseguren larga vida y resistencia a nuestra construcción.

En este plano, es válida la reflexión que hace San Pablo cuando dice:

1 Cor 3:10-14

Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye! Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego.  Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa.

Aprovecho de compartirte estas ideas para que intercambiemos el ánimo y confianza que necesitamos para mantener viva nuestra Fe y Amor a Dios y a la Verdad.

Que como cristianos sigamos luchando y cuidando por los débiles y por las víctimas de la maldad humana, y sigamos fomentando la reflexión para que cada miembro de la Iglesia logre construir un Edificio incombustible.

Un abrazo cariñoso,

Antonio

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...