23 de noviembre de 2010

Sinceramente, de qué ha servido?


De qué ha servido que durante el fin de semana nos pasáramos discutiendo sobre lo que dijo el Papa sobre el profiláctico? Sirvió de algo ofrecer oportunidad al desconocimiento en el que estábamos, a la sospecha, a la duda entre nosotros y sobre el Papa, sus asesores, El Observador Romano y todo lo demás?

No ha servido de nada más que para dejarnos exhaustos y como unos reverendos tontos.

Ayer mismo coloqué la entrevista a Julian Carron sobre el reto del cristianismo en España, pocos fueron los que prestaron atención y varios los que se resisten a admitir que esta situación del cristianismo en la actualidad representa un reto; porque, estemos al tanto o no, tenemos un reto por delante que no superaremos con actitudes como la del fin de semana.

En este sentido me ha resultado oportunísimo y fascinante hallar lo que ha dicho Navarro-Valls en el Congreso sobre Católicos y Vida Pública, el mismo al que asistió el padre Carron, literalmente ha dicho [el cristianismo] “ya no debe ser visto como una tradición que salvaguardar, sino como la perspectiva de una vida futura que hay que recrear”.

Salvaguardar es lo que hizo la mayoría durante el fin de semana, pocos realmente confiaron en que no se trataba de otra metedura de pata del Santo Padre y ya ven? Ahí estaban Julian Carron y Navarro-Valls, ambas personas muy cercanas y queridas del Papa que como él nos plantean el desafío que es atrevernos a situarnos ante la realidad de manera diferente.

(Me doy cuenta con esto que, afortunadamente, no soy la única que así lo ha considerado)

Comprendan, el cristianismo ha dejado de tener en el mundo el lugar seguro y acogedor que hasta hace poco ocupaba, esta situación nos descoloca pero a la vez nos obliga a plantearnos preguntas que requieren de nuestra parte respuestas diferentes a las que usualmente hemos venido ofreciendo.

Respuestas diferentes a la que gran parte de nosotros ofrecimos en InfoCatólica durante el fin de semana.

Para terminar, la pregunta hoy no es si conseguiremos sobrevivir sino más bien si estamos en disposición de ser de nuevo impacto en la realidad.

Porque fíjense bien, nuestra generación no tendrá otra oportunidad como la que tiene en nuestros días para vivir nuestro cristianismo como realidad escatólogica, nunca antes necesitamos que Cristo fuese persona real tras quien caminemos hacia las realidades últimas.

Tal como lo veo, para avanzar hacia ellas se nos presentan dos opciones:

1. Atrincherarnos en la seguridad de una normativa moral y nuestras nociones de Dios o,

2. Con todo ello como fundamento ofrecer, como Cristo lo hizo, una respuesta de apertura e impacto a esta realidad tan exigente.

Cada uno sabrá cuál es la opción conveniente y tendrá que plantearse elegirla sobre la que prefiere para que todo lo que hemos pasado juntos sirva para algo.

Es mi humilde opinión.

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