12 de agosto de 2010

Igual que morir para siempre

Todo este asunto en torno al referendum me ha tenido bastante triste.

Mi país -les diré- rara vez se divide no más en las elecciones presidenciales cada cuatro años y únicamente durante algunos meses; somos los ticos -en términos generales- muy unidos, solidarios, buenos amigos y compañeros.

Pero claro, tampoco es que el referendum tenga tanto poder como para dividir a un país, no; lo que fundamentalmente lo está dividiendo son las diferentes concepciones de ser humano que en Costa Rica hemos empezado a manejar.

Tengo la impresión de que mucho está cambiando mi país y que mucho será lo que debamos cambiar los católicos y cristianos en general. Deberemos -como dice mi amigo Néstor- establecer un nuevo tipo de relación con el gobierno y la sociedad.

Eso tampoco me entristece, porque ni siquiera logra entristecerme el que siendo los cristianos mayoría a veces parece que por solo expresar lo que pensamos sufrimos lo que podría sufrir una minoría marginal; en todo caso, verme obligada a cambiar radicalmente no lo considero un obstáculo sino un desafío porque el mismo contiene, además, todo el potencial de un bien ulterior. Así que por ese lado, tampoco me pone triste.

Me pone triste, nada más, el que hemos ido cambiando la forma en que nos concebimos los costarricenses.

Pero bien, dejando tristezas a un lado por el momento, deseo hacer del conocimiento de los estimados lectores, que hubo y seguirá habiendo (estoy segura por muchos años más) una mujer tica que se ha “emperrado” –como decimos aquí- durante largos meses en defender la concepción cristiana de ser humano, ella es la mujer que se aventuró a sacar adelante, prácticamente sola, el referendum.

Para esta mujer tica, como si no fuera suficiente para ella cargar sobre sus espaldas el ser mujer en un país sexista, también es abogado lo cual provoca aún más “roncha”. Además de eso, ha sido la mujer abogado que se ha expuesto ante la opinión pública para luchar por lo que cree, lo hace además como católica, para desventaja suya precisamente en un año que ha sido difícil para los católicos.

La mujer de la vengo hablando se llama Alexandra Loría Beeche, con quien entré en contacto por medio de un grupo de madres que participaron en la Marcha por la Vida y la Familia. Hace no mucho tiempo, por cierto, hablé con ella por teléfono y tuvo la cortesía de explicarme con detenimiento su propósito; de esa conversación me llamó mucho la atención que mencionó que todo lo necesario para sacar adelante la recogida de las 150mil firmas necesarias para convocar al referendum, trámites ante instancias gubernamentales, transporte, comunicación, papelería, etc., ha estado saliendo todo de su bolsillo.

Estoy consciente que muchísima gente la desprecia, pero aún así siempre que se requiere ofrece con muchísima dignidad la cara en los medios de comunicación que, dicho sea de paso, son favorables en su mayoría a la postura opuesta, por lo que la convocan al lado de personas que se esmeran por todos los medios en hacerla lucir lo peor posible no solo en el aspecto religioso y como miembro del Opus Dei, en su condición de mujer como en el aspecto profesional; sin embargo, ella se ha mantenido y se mantendrá firme en pie de lucha, según ha dicho a los medios recientemente.

Si los activistas gay quisieran –honrando el orgullo de llamarse ticos- ser honrados y celebrar esta victoria temporal con dignidad, deberían reconocerle a esta mujer haber sido una valiente y firme contendora.

Deseo hoy, rendirle homenaje como mujer, como abogado y como católica a la cual le ha correspondido vivir en un país que transcurre dentro de un proceso de grandes transformaciones tanto en lo jurídico como en lo moral, pero en el fondo y por sobre todo, en la forma en que se concibe.

Y es que saben? Eso es lo que al final de cuentas me tiene triste, porque desearía que nunca llegásemos a perder de vista que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, porque si llegásemos a perderlo de vista habríamos dejado –verdaderamente- de saber quiénes somos, para qué estamos aquí, para qué nacemos y para qué morimos.

Perder esto, no es ni tan siquiera comparable con la trivialidad de ponerse triste, perder esto sería igual que morir para siempre.

-oOo-

Vale, pero basta de tristezas, porque como bien dijo un amigo recientemente:

“Menos mal que [ ] los tenemos a Jesús y a María. De lo contrario, no sé qué haríamos. Porque la verdad es que Ellos siempre “nos sacan las papas del fuego”.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...