9 de septiembre de 2010

Ejercicio de humanidad

¿En algún otro lugar del planeta, además de Costa Rica, los adultos celebrarán el Día del Niño como si fuera su día?

Tendrían que verlos: unos días antes se organizan; en facebook, por ejemplo, han decidido cambiar la foto de su perfil por una de cuando eran niños; la han cambiado periodistas, curas, todo tipo de profesionales, amas de casa, ateos, católicos o evangélicos, ancianos, jóvenes y niños.

Se desean “feliz día” como si celebraran sus cumpleaños y para cumplir como Dios manda, salen de compras para llevar por la noche un cariñito a casa a sus pequeños (a los verdaderos niños).

Los observo echándose porras y motivándose para no dejar de buscar en lo cotidiano la alegría de vivir.

No me extrañaría que en las oficinas lo celebren con un queque (torta o pastel), fresco de sirope, papitas y alguna canción de Cri-Cri o de Topo Gigio; raro no sería que hasta intercambiaran regalos y que los que aún no tienen hijos o los mismos ya están grandes, salieran a bailar o de parranda por la noche.

¡Estos ticos! ¿Ya ven por cuál otra razón nos consideramos la gente más feliz del mundo?

Y yo, desde aquí, observándoles sin hacer juicio, ejercitando en lo posible mi humanidad; en todo caso, preguntándome seriamente qué será lo que me impide unirme a sus juegos y gozar de su alegría.

Ticos queridos, no los comprendo y en realidad (al menos en este caso) me parece que no hace falta, por lo mismo, deseo sinceramente que en este día encuentren más de una razón para ser felices.

Debo admitir finalmente una cosa: me parece que es necesario un corazón atento y generoso para cuidar de uno mismo y de sus amigos con la ternura con que ustedes lo hacen. Caigo en la cuenta que ese corazón es el suyo, de hecho que si.

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