5 de enero de 2011

Avance informativo sobre el Trabajador Estrella

Si existe algo que tengo que agradecer a CyL es que me ofreció el método para vivir mi fe de manera, podríamos decir, “estructurada”. Ahora comprendo que, mucho de lo que me parecía razonable y que para la mayoría de las personas no lo era, es verdaderamente razonable porque para mi fue, ha sido y continuará siendo una forma totalmente válida (y autorizada por el Magisterio) de vivir mi fe y, ésto se lo debo a haber hallado e identificado con el carisma de don Giuss.

Pues bien, para ilustrar este aspecto, les cuento que desde niña he vivido mi fe en algunos ámbitos de forma espontánea y sencilla, por ejemplo, he sido muy observadora por lo que siempre me ha maravillado la multitud y variedad de pequeños detalles a través de los cuales descubro la mano de Dios en la creación, en mi propia vida o en la conducta de los hombres.

Cuando digo detalles, que para algunos podrán ser meras tonterías, me refiero a que, por ejemplo, para mi  en muchas ocasiones ha sido motivo de gratitud a Dios por su obra el simple hecho de darme una ducha con agua caliente, nadar en el mar o en la piscina. Qué se yo, muchas pequeñas cosas desde niña me fascinaban, al punto que -desde que aprendí a leer y a escribir- componía versos a Dios, a Jesús, a María y a los Santos influida por la contentera y la gratitud de verme rodeada de tanta maravilla.

Pues bien, este preámbulo no más que para matizar un detalle que hallarán dentro del avance informativo que les traigo sobre nuestro Trabajador Estrella, quien es aquél muchacho del que les hablé antes de Navidad que se estaba construyendo una habitación en nuestra propiedad ya que anteriormente vivía en un cuchitril, sin trabajo y habiendo sido abandonado de su mujer y de sus hijas.

Paso, entonces a la actualización de los sucesos sobre los cuales supongo mantienen algún interés.

Informo, pues que, Alexander cerró con madera de pino su habitación que cuenta con tres ventanas y una puerta. No resultó tan hábil carpintero como lo suponía, más parece aquello la casa derruida de la abuelita de Caperucita Roja que otra cosa, pero ahí está contento y calientito, protegido de bichos y alimañas, puede guardar sus cosas, bañarse, cocinar y recibir a su familia; porque si, su madre ha venido a verlo y su esposa e hijas han venido a pasar el día para cocinar y almorzar juntos de tal manera que, si lo vieran, el semblante de Alexander ha cambiado completamente, su disposición ante la vida también hasta el punto que ya se ducha con mayor frecuencia y hasta fue a que le “sacaran punta”, esto es, a que le cortaran el cabello.

La cosa con este muchacho pinta bonito, pinta tan pero tan re-bonito que anoche, mientras se duchaba le escuché cantar.

Ven? Yo, por agradecer al Señor el canto de Alexander en la ducha, soy capaz no solo de escribir un poema sino de venir a escribir una entrada en este blog donde se que habrá muchos que reconocerán la maravilla y se unirán conmigo a dar gracias y a glorificar a Dios.

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