19 de noviembre de 2012

El optimismo es propio de un hijo de Dios

Una vez, siendo una joven, tirada sobre la cama ahogada en llanto debido a que me di cuenta que estaba amargada ya que todos mis recuerdos eran casi exclusivamente tristes, tomé la decisión de ver ante todo lo bueno en las personas y los acontecimientos para así poder recordarlos con alegría y que no se conviertieran en lo que habían sido hasta ese momento: causa de desesperanza cuasi desesperación.

Los psicólogos dicen que para mantener un estado equilibrado en la salud de las emociones no solo hemos de aprender a expresarlas sino determinarnos a seguir algunas pautas para que ir obteniendo de la vida una óptica más positiva, como por ejemplo:

• Hablar con voz alegre.
• Caminar erguido.
• Mirar a las personas a los ojos con un sonrisa en la boca.
• Utilizar palabras optimistas y motivadoras.
• Hablar bien de las personas.
• Enfocarse en las soluciones no en los problemas.
• Pensar que los demás nos ayudan a crecer.
• Rodearnos de personas con las que tenemos afinidad en estas cuestiones.

Por estas y otras razones es que me verán, por lo regular, tratar de ser optimista y no solo porque los psicólogos me lo dicen sino porque es el estado al que, por lógica –como personas de fe- tendríamos que tender.

Yo, sinceramente, hago de tripas corazón para no decirle “mentiroso” a un católico que me llega con negativismos y amarguras. Muchas veces consigo contenerme no más porque, al igual que yo, podría andar cargando con muchas cuestiones difíciles de manejar; sin embargo, yo misma me he debido decir “mentirosa” en más de una ocasión ya que “pa´qué sirve la fe” si no me sirve para ser optimista y estar alegre? 

En fin, este preámbulo no más que para introducir las cuentas positivas que he venido haciendo de todo lo maravilloso que ha venido pasando en la Iglesia recientemente.

Veamos:

Primero que todo la extraordinaria Carta Apostólica “Porta Fidei” con el que Papa convoca al Año de la Fe. Luego de eso:

1. El propio Año de la Fe arrancó con una espectacular reflexión del Santo Padre.
2. Siete nuevos santos como son “Catalina Tekakwhita, el sacerdote jesuita Santiago Berthieu, el joven catequista filipino Pedro Calungsod, el sacerdote italiano Juan Bautista Piamarta, la religiosa española María Carmen Sallés y Naranguersa, la religiosa alemana Mariana Cope y la laica alemana Ana Schäffer”.
3. Una Santa Hildegarda y Juan de Avila como doctores de la Iglesia.
4. Unas catequesis maravillosas los miércoles en las Audiencias Generales pero además las intervenciones durante el Angelus que no se le quedan atrás.
5. “Cambios en las competencias de la Curia Romana, que concentrarían en la Congregación para el Clero, guiada por el Cardenal Mauro Piacenza, la responsabilidad sobre los seminarios del mundo” según nos informó el blog La Buhardilla de Jerónimo.
6. Un detalle significativo como ha sido el retorno a la liturgia del “fanón” como símbolo del escudo de la fe.
7. Un Sínodo de los Obispos que arrojó valiosísimas e innumerables intervenciones tanto del Papa, como de Obispos y hasta de laicos y, dentro del cual, se propuso en el artículo n.35 el que la Liturgia fuera la principal herramienta para la Nueva Evangelización lo que, en lo personal, me alegra muchísimo.
8. El Motu propio Latina lingua con el cual se instituye la Academia de la Latinidad.
9. La reorganización de la Congregación para el Culto Divino y de los Sacramentos con la finalidad de que se dedique con mayor énfasis a lo que le es muy propia como es la música, el arte y la arquitectura para la liturgia.
10. El Cardenal Cañizares celebrando misa tridentina en San Pedro para los peregrinos provenientes de asociaciones, grupos y movimientos aglutinados en Una cum Papa nostro que llegaron para celebrar la promulgación del Summorum Pontificum y Universae ecclesiae.
11. Un sitio para el Año de la Fe en la red a cargo del Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización que nos servirá para acompañarnos pero también su presencia en las redes sociales

Muchos hoy en día se inclinan por el pesimismo e incluso llegan a afirmar que el Señor prepara su Segunda Venida lo que a mí, aparte de alegrarme y serme de gran consuelo, me tiene –me van a disculpar- sin el menor cuidado.

Por lo mismo, si se nos dice infinidad de veces “¡Estad alegres!” que para el caso es lo mismo que decir “¡Sed optimistas!” y si es que, además, es el Señor quien me lo dice, pues nada, lo que es de mi parte, elijo serlo.

Estoy y estaré alegre -en principio- por pura Gracia pero también porque mi voluntad está dispuesta a elegir aquello que construye y fortalece el optimismo propio de un hijo de Dios.

Es el pequeñísimo aspecto humano en el que me corresponde colaborar por lo que, viendo esta lista enorme de acontecimientos importantes que me llenan de alegría y esperanza sería el colmo que no me lo propusiera.

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