18 de noviembre de 2009

Desde el trono de la heterosexualidad

El título de la entrada es una frase que utilizó en facebook recientemente mi amigo Rafa, un compatriota al que estimo enormemente y cuya concepción de ser humano es diferente de la mía. Se comprenderá por qué me he apropiado -sin autorización- de ella al final de esta nota. Prosigamos.

Descubrí, en nuestras discusiones ciberespaciales (porque en realidad en otros ámbitos no las tengo) que giran en torno de la homosexualidad, un detalle. Lo que descubrí fue algo muy sencillo pero algo en lo que el promedio de nosotros no reparamos y, ese pequeño pero -determinante- detalle, es que mezclamos ámbitos. Me explico.

Cuando una persona que –siendo o no homosexual- está a favor del matrimonio homosexual y la adopción de niños por parte de estas parejas, expresa que los católicos no dejamos vivir su vida a los homosexuales, está mezclando ámbitos y estos son: el ámbito jurídico y el ámbito moral.

Cuando un católico se expresa en contra del matrimonio homosexual e involucra en su argumento desaprobación -como opinión y no como razón- hacia la homosexualidad, está mezclando ámbitos: el ámbito jurídico y el ámbito moral.

En ambas posturas se mezclan ámbitos, lo cual en gran parte provoca sobrada injusticia, porque en el fondo, ni los católicos desaprobamos que se trate con justicia a los homosexuales, ni los homosexuales pretenden imponernos moralmente su opción de vida.

Pero en la arena de debate sucede algo diferente, los católicos percibimos que los homosexuales desean imponernos una moral con la que no coincidimos y los homosexuales perciben que son víctimas de la injusticia. Toda esta confusión es provocada por la mezcla de ámbitos en la discusión.

Que unos y otros mezclemos ámbitos tiene -desde mi percepción- dos causas: una, la ignorancia, tanto en lo jurídico como en lo moral, sobre lo que cada uno cree y defiende; dos, la causa del prejuicio que surge del temor a lo desconocido.

Qué es lo que se ignora?

Los católicos ignoramos, por lo general, lo que enseña el Magisterio alrededor del tema de la homosexualidad así como el plano jurídico sobre el cual se defiende el matrimonio. Los homosexuales también lo desconocen.

Los católicos ignoramos la profundidad de la condición homosexual y hacemos muy poco por conocerla. Lo mismo sucede con los homosexuales respecto a nosotros, ignoran qué implica ser católico y vivir de acuerdo a ello, también hacen muy poco por subsanar esta carencia.

En términos generales, se desconoce el fundamento antropológico desde el cual cada uno defiende lo que defiende, es decir, la concepción de ser humano que tanto homosexuales como heterosexuales se han apropiado y promueven; sobre las cuales, dicho sea de paso, podemos disentir, más no irrespetar.

Pues bien, de la ignorancia surgen los prejuicios, de los prejuicios el temor, todo ello es causa de injusticia y sabemos que donde hay injusticia, es imposible la paz.

La justicia es posible conquistarla si a cada uno se le entrega lo que en su derecho le corresponde: a los homosexuales les corresponde en derecho ser escuchados en sus necesidades legales y a los católicos y cristianos en general, nos corresponde en derecho no ser censurados por expresar y vivir según lo que creemos. En ambos casos lo que se defiende es el derecho a la libertad necesaria para estar en capacidad de vivir plenamente desde la respectiva concepción de ser humano.

Creo que estar al tanto de esto es fundamental, ya que nadie desea vivir hostilizado.

En síntesis, conocer y comprender la propia concepción de ser humano, conocer y comprender la de quien vive según una diferente, separar el ámbito jurídico del moral a la hora de expresarnos, así como aunar esfuerzos para luchar contra los prejuicios que surgen de ambas partes, es la batalla común, que nos colocaría en posición de alcanzar una convivencia fraterna.

Esto lo señalo como católica costarricense que tiene, como muchos otros católicos en mi país y en el mundo, estimadísimos amigos a los que por nada del mundo se desea ver padeciendo ningún tipo de injusticia y de quienes estoy segura, piensan lo mismo sobre nosotros.

Y para finalizar, me expreso de esta manera, no desde el trono de la heterosexualidad, sino desde el trono que compartimos y que es nuestra común humanidad.

***

Ese mismo día, Rafa visitó este blog y tras haber leído y comprendido lo que traté de expresar, me ha respondido en facebook lo siguiente, que dicho sea de paso, ahora si tengo su autorización para publicar:

"Mari que buena sos para fundamentar tus puntos... siempre te he considerado una mujer muy inteligente y crítica ...  Y qué honor que mi frase te haya servido como título! Te imaginás que rico el día que se considere al ser humano realmente como un auténtico ser integral, sin etiquetas derivadas de lo que nos gusta o no, por lo que somos o dejamos de ser. Por que resulta, además, que en la vida no solo existe el blanco y el negro... y vos como artista lo sabés. Ese día será tan maravilloso que no necesitaremos de ámbitos para juzgar y valorar la creación divina...¡me gustó tu blog!"

A lo que respondí:

"Rafa, querido amigo, si yo te empecé a querer cuando trabajamos en el Museo fue por quien sos y lo que me has dado, que no ha sido poco y gracias a eso, es que fuera de toda teoría, en la práctica se lo que debo hacer. Vos sos el responsable de que me esfuerce por buscar un equilibrio, no yo, todo el mérito es tuyo, por tu forma de ser. Palabra que hacés honor a tu condición de ser humano.
Y qué bueno que te gustó mi blog, gracias".

Asumo que no necesito agregar más.


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