6 de julio de 2010

Estupor en primera persona

Mi humanidad… “¿Cómo mantenerla despierta?”
J. Carrón

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Me he quedado “pegada” en el primer capítulo del libro de Monseñor Nicola Bux titulado La Reforma de Benedicto XVI. No paso de allí porque me resta concentración el que constantemente escucho en mi mente algunas frases que mencionó Vittorio Messori en la Introducción.

Messori, sumergido en su estupor, transcurre a lo largo de varias páginas, buscando explicarse qué fue lo que sucedió con la Liturgia tras el Concilio Vaticano II y –¡el cielo me ampare!- me sentí completamente identificada, no solo por la calidad de sus preguntas si no porque se expresa en primera persona, muy a mi estilo; tal y como creo que debería ser y como me secunda el propio Messori: explicarse en primera persona, es “la forma más simple de ser directos y claros”.

Sucede que, debido a su edad, Messori tuvo poco contacto con la Misa Tradicional (al igual que yo) pero sucedió que tras su conversión, descubrió, como lo descubrí hace no mucho tiempo, que la Sacrosanctum Concilium (SC) en ninguno de sus párrafos afirma que debía abandonarse el latín, ni pedía que se cambiara de posición el altar, ni solicitaba que se desnudaran los templos, ni que se cantara en lengua vernácula, ni que se cambiaran los ornamentos o vestimentas, es decir, que Messori y yo, caímos en estupor al reconocer y tristemente admitir la desconcertante interpretación que han dado algunos del Concilio en las últimas décadas.

Completamente identificada con él, el acabóse llegó cuando dijo: “no atinaba a comprender [como] los ultras de la democracia eclesial la desmentían (a la SC) imponiendo los propios esquemas teóricos al “pueblo de Dios”, sin preocuparse por lo que éste pensaba, y aislando, ridiculizando a los disidentes; y los ultras de la “fidelidad al Concilio” [ ] hacían lo que el Concilio no había dicho o aquello que directamente recomendaba no hacer”.

Así como Messori, en esto de la Liturgia, pasa uno día a día de estupor en estupor.

• El estupor que provocó mi profesor de Sagrada Escritura que conoce el griego y el latín y ama la Liturgia del Novus Ordo, pero que -sin embargo- cuando le pedí su parecer sobre la Misa Tradicional la llamó “un retroceso”.

• El estupor que causó mi profesor de Sagrada Liturgia cuando dijo “aquella persona que desee ser fiel a la Iglesia y al Papa, debe desistir de la idea de celebrar bajo ese rito en nuestro país”.

• El estupor que provoca la desconfianza que, por el mero hecho de desear esta Misa, demuestran algunos de mis compatriotas.

Y es que digo yo, cuando el estupor -en cuanto experiencia- se hace presente tendría que provocarnos la necesidad de conocer las causas que facilitaran descubrir su finalidad para que toda la experiencia tenga sentido.

Por dar un ejemplo cortito… Recuerdan el estupor de la samaritana en su encuentro con Cristo? Qué habría sido de esta mujer, o del mismo Zaqueo, si su encuentro con Cristo no les hubiese provocado estupor?

Por eso digo, que así como la mirada que le ha de haber ofrecido Cristo a la samaritana, cada suceso, dolor físico o moral, emoción o sentimiento, contiene todo lo necesario para aproximarnos a nuestra humanidad.

El estupor (nuestra humanidad toda) es en primera persona. Primera persona que constituye la forma más simple de ser directo y claro, al inmejorable estilo de Cristo en Quien a todo hallamos sentido.

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“…algunos Obispos de nuestra America toda, habrían de hacer un verdadero examen de conciencia y evaluar si están en sintonía con lo que su Santidad el Papa Benedicto XVI, en su carácter amoroso de Vicario de Cristo, desea pero no ordena. No hagáis oídos sordos a la voz del Papa que es un santo varón” José Luis Ventrice

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