9 de marzo de 2010

Chile: el sufrimiento a la luz del Evangelio

Les traigo el más reciente correo de mi estimado amigo Antonio Flores de quien les he compartido hasta el momento un par de noticias. Espero que el mismo sirva en esta ocasión para fortalecer nuestra Esperanza con la muy oportuna homilía del padre Berríos.

***

Maricruz,
agradezco tus palabras de consuelo y ánimo.

Aprovecho de enviarte el comentario del Evangelio del Padre Felipe Berrios, quien también es el capellán de la Fundación Un Techo para Chile.

La porción del evangelio que se comenta coincide plenamente con las inquietudes de muchos creyentes y de otros no creyentes pero que se encuentran en búsqueda de Dios...

La inquietud de muchos frente a estas calamidades es ¿Por qué permite Dios el Sufrimiento? Creo que te agradará leer el comentario a la porción del evangelio de Lucas 13, 1-9:


"Lc. 13, 1-9 / 3.er domingo de cuaresma
Terremoto: Ni prueba, ni castigo ni intervención de Dios

Padre Felipe Berríos
Capellán de Un techo para Chile

"¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no". Esta frase de Jesús puede responder a muchas exclamaciones que se han escuchado por diferentes personas desde el día del violento terremoto y el tsunami del sábado pasado, y que aún afectan a nuestro país. Mucha gente lee en estos "arrebatos" de la naturaleza signos de la "rabia" de Dios, o dicen que estos desastres son "mandados" por Dios para "probar" a las personas. Pensar así no sólo es absurdo, sino que también refleja una concepción de Dios errónea e infantil.

Dios no actúa con los humanos como un niño que juega con un insecto y se entretiene poniéndole dificultades y molestándolo para ver cómo reacciona. Dios, en Jesús, nos toma en serio y por eso respeta profundamente las leyes que gobiernan la creación, y a las cuales se sometió Jesús al tener que aprender, crecer, comer, dormir, sufrir y morir.

A eso se debe la reacción de Jesús cuando le comentaron el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios, y Él agrega también a las víctimas del desplome de la torre de Siloé. Para Jesús, ambos casos no tienen nada que ver con la calidad moral o con la relación con Dios de quienes murieron, y por eso les dice: "¿Creen ustedes que esos... sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?".

Si la gente que muere inesperadamente en una catástrofe estuviera ligada a una especie de "juicio divino", eso significaría -entre otras cosas- que quienes hemos sobrevivido "mereceríamos" vivir más que aquellos que han muerto, y eso es un absurdo.

Remata Jesús su argumentación agregando el ejemplo de la higuera, en el cual Él nos señala la paciencia que tiene Dios con nosotros, pues no interviene -"para cortar la higuera"- y aunque no demos frutos siempre nos dará otra oportunidad. Sin castigos ni amenazas, Dios respeta totalmente la libertad humana. Y su relación con nosotros está basada en el amor, y no en el miedo.

Este terremoto y el tsunami no son ni castigo, ni prueba de Dios ni tampoco su intervención, tanto para aquellos que murieron como los que nos salvamos. Es un desastre de la naturaleza que tiene explicaciones físicas, lo cual no impide que la fe nos ayude a darle sentido y así -a partir de un hecho tan doloroso y dramático- despertar la solidaridad y darle un contenido más trascendente a la vida.

Con afecto,
Antonio

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