24 de octubre de 2010

La respuesta la tiene Denis

No me vayan a decir que en cuanto escuchan la palabra Testimonio no les da una modorra fatal? Pues a mi también, sin embargo, les desafío a terminar de leer éste que les traigo. Prometo que no se arrepentirán y que querrán conocer otros testimonios de cielinos alrededor del mundo.

Antes una confesión: cuando hace un tiempo alguien me pedía leer un testimonio muy dentro de mí pensaba que no tendría la paciencia para llegar hasta el final y, claro, por lo regular no lo hacía.

Al llegar a CyL, para mi desconcierto lo primero que hace el Misterio es ponerme de frente a mis prejuicios, de tal manera que el primer día de los Ejercicios Espirituales tuve que, una y otra vez escuchar algunos de estos testimonios por lo que -como soy una mujer bien educada- hice acopio de toda la paciencia de que fui capaz para no tener que buscar una excusa para salir del salón.

Así es como, también uno tras otro, he aprendido a degustarlos sobre todo porque con ellos encuentro en personas de edad, situación económica y cultural muy diferente a la mía, asombrosa correspondencia. Cosas del Misterio, diríamos los cielinos.

A continuación el que me llegó el domingo e hizo que la oscuridad de los malos ratos de la última semana se llenara de claridad y también de mucha pero mucha alegría y, por qué no admitirlo, de una pletórica carcajada. Ya se darán cuenta por qué lo digo.

Asamblea Internacional de Responsables de Comunión y Liberación
L A T H U I L E , 2 8 D E AG O S TO - 1 D E S E P T I E M B R E D E 2 0 1 0

DENIS. "Me llamo Denis, tengo casi veinticuatro años, y estoy en el último curso de Estadística en la universidad. Perdí a mi madre cuando tenía ocho meses, me quedé con mi padre durante diez años, y luego murió también él. Me crié con parientes y amigos. Ellos querían que yo fuese a trabajar como criado en sus casas. Mi hermano y yo pensábamos que la vida había acabado para nosotros. No teníamos esperanza, ni veíamos futuro alguno. Pero alguien vino a mi casa y me eligió. Esta persona era Rose. Pero cuando vino, yo tenía otra perspectiva de la vida, había otras personas que me elegían y me pagaban por el trabajo que hacía. Rose me preguntó si quería ir a la escuela. Le dije que sí.

Me preguntó qué quería hacer, qué quería ser, por qué quería ir a la escuela. Le dije que quería licenciarme, hacer el doctorado, comprar coches bonitos, ser rico. Me dijo: “No olvides que tú eres infi nito, y estas cosas no se satisfarán”. Yo creía que estaba de broma. Seguí adelante en la escuela con buenas notas, luego entré en la universidad, siempre con buenas notas, pero sentía que algo me faltaba.

Tenía algunos amigos protestantes, y traté de seguirles y de frecuentar su Iglesia para llenar este espacio, este vacío que había en mí, pero en su Iglesia me decían que tenía que ser buen chico, y así podría ir al paraíso.

Pero en 2007 don Carrón vino a Uganda, empezó a hablar con muchos jóvenes, y yo estaba entre ellos. Dijo muchas cosas, pero dos de ellas me impresionaron especialmente: que Cristo es todo y que es interesante para la vida.

Para mí esto era como una puerta nueva que se abría en mi vida. Sonaba algo nuevo en mis oídos, nadie me había dicho nunca estas cosas. En aquel momento dejé de sentirme huérfano. Lo único que quería era unir mi “sí” al de Carrón, porque me sentía arrastrado desde mi nada hacia algo que no me esperaba. Y siento que he ganado mucho más que el ciento por uno.

Pero los desafíos no han disminuido, por ejemplo en la universidad. Tengo un profesor de Estadística que ha escrito muchos libros, que ha leído mucho. Él sabe que soy cristiano, y un día me dijo: «Tú eres cristiano, crees en Jesucristo, al que no has visto. Para ti el cristianismo es simplemente una muleta». Y yo le dije: «Bueno, será mi bastón, pero yo me estoy moviendo; usted en cambio no tiene un bastón y está quieto, estancado». En aquel momento estaba ligeramente enfadado y me dijo: «Pero, tú eres joven, negro, africano. ¿Cómo te permites expresarte así?». Yo le dije: «Tengo veintitrés años», y él: «¡No puede ser!». Le dije: «¡Tengo veintitrés años!». Se enfadó y se fue.

Al día siguiente, el profesor mandó a un compañero de curso, uno que era muy rico y tenía coches estupendos, para decirme que había un trabajo para mí, un trabajo de Estadística en Dubai, me darían un buen sueldo, siete “vírgenes”, un despacho bonito. Me dijo: «Mira, no dejes escapar este trabajo». Yo empecé a preocuparme: «Pero, ¿cómo es posible? Me ofrecen “vírgenes”, me dan dinero…», no entendía lo que estaba pasando y me preguntaba: «¿Cómo es que me ofrecen esto a mí?». También se lo habían ofrecido a otros, que se marcharon allí a trabajar. Yo rechacé el trabajo y me dijeron que estaba loco. Al día siguiente llegué tarde a clase, y el profesor estaba ya allí; me miró fijamente, estaban todos callados, y me pidió que le señalara a la chica más guapa de la clase. Le dije: «Todas son guapas, no soy capaz de elegir a una». Él me dijo: «Entonces, no entiendes de mujeres». Yo le respondí: «No tengo necesidad de elegir». El profesor era un hombre casado, llevaba una alianza, y yo le dije: «Usted me está haciendo esta propuesta, usted que es un hombre casado. ¿Acaso es usted feliz en su matrimonio?». Hablaba delante de la clase, como estoy hablando ante vosotros. Él me dijo: «Has ido demasiado lejos. No puedes preguntarme por mi matrimonio», y dio por terminada la clase en ese momento. No estaba contento conmigo, y me preguntó de qué estaba hecho yo. Dijo que haría saber al resto de profesores que yo no estaba bien, que me faltaba un tornillo. Yo le dije que no me faltaba nada, que estaba perfectamente, que era completamente humano".

Ahora bien, no me vayan a decir que -por comportarse como católicos- nunca les ha pasado que alguien les pregunta si les falta un tornillo y no han sabido qué responder? Ya ven? La respuesta la tiene Denis.

Nota: Si, como espero, quedaste con ganas de leer más de estos Testimonios, te sugiero seguir el enlace que puse en el lema de la Asamblea General de Responsables.



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